Trading

La idea es que, si nos encontramos en un estado mental óptimo, lo más probable es que tomemos decisiones financieras que no estén teñidas por el miedo, la codicia o la impulsividad. Sin embargo, en nuestra práctica profesional hemos descubierto que la relación entre la psicología y la gestión del dinero no es unidireccional. Del mismo modo que nuestra psicología puede influir en nuestra búsqueda de riesgos y recompensas, nuestras actividades de *trading* e inversión pueden tener un impacto profundo en nuestro estado mental. A continuación, presentamos algunos ejemplos destacados extraídos de nuestra experiencia reciente trabajando con profesionales de diversos mercados y estrategias:

La importancia de la gestion emocional

Gestionar las operaciones ganadoras es tan importante como gestionar las perdedoras. Supongamos que una posición evoluciona a su favor y usted obtiene ahora un beneficio. ¿Vende su posición y materializa sus ganancias? ¿Aumenta la posición e intenta ganar más? ¿O la mantiene a la espera de alcanzar un objetivo más lejano? Constantemente observamos que los inversores y operadores que se obsesionan con obtener beneficios cada vez mayores se exponen a sufrir retrocesos en sus ganancias, pérdidas, estrés y decepciones.

Por el contrario, aquellos que recogen sus beneficios y reestructuran sus posiciones para lograr una mejor relación riesgo-recompensa a partir de ese momento, generan situaciones psicológicamente ventajosas (de «ganar-ganar»). Un ejemplo sencillo de esto es la cobertura de delta (*delta-hedging*) en una posición de opciones: usted obtiene beneficios —supongamos— de una posición en opciones de compra (*call options*) y, acto seguido, abre una nueva posición con una estructura de opciones que refleje la relación riesgo-recompensa actualizada.

Diversificación es la clave

La diversificación beneficia nuestra psicología. Los operadores a muy corto plazo logran la diversificación rastreando oportunidades en una variedad de acciones o clases de activos que se mueven de forma relativamente independiente entre sí. Así, por ejemplo, podrían operar una «acción meme» en corto y una acción de crecimiento en largo en el transcurso de una sola mañana o jornada. Los inversores a largo plazo, por su parte, crean carteras de activos que han sido analizados por su potencial para subir o bajar de manera independiente unos de otros.

Esta diversificación garantiza que las pérdidas en una idea de inversión puedan verse compensadas por las ganancias en otras, permitiendo que las probabilidades jueguen a su favor con el paso del tiempo y evitando el «riesgo de ruina» asociado a las posiciones excesivamente concentradas. Cuando asumimos riesgos financieros de manera equilibrada, tendemos a mantener un estado mental también más equilibrado. La volatilidad de nuestros beneficios y pérdidas genera volatilidad psicológica. Buscar rendimientos absolutos a expensas de unos rendimientos sólidos ajustados al riesgo es una fórmula para el desequilibrio emocional.

No se quede mirando la pantalla

La calidad de nuestro tiempo lejos de los mercados beneficia nuestra psicología: cuando nos preocupamos en exceso por los altibajos de nuestras carteras y posiciones, es muy probable que tomemos decisiones impulsivas y subóptimas. La expresión «quedarse mirando las pantallas» es utilizada por muchos operadores para referirse al tiempo que pasan angustiándose por cada fluctuación mínima del mercado, en lugar de gestionar sus posiciones de manera constructiva. Una planificación sólida de nuestras operaciones y un dimensionamiento adecuado de las posiciones nos permiten aceptar las posibles pérdidas y aprovechar el tiempo lejos de los mercados para renovar nuestras energías, así como para refrescar nuestra perspectiva sobre el mercado.

Los gestores de carteras con los que trabajamos pasan gran parte de su jornada operativa alejados de las pantallas, recabando información de sus colegas e investigando nuevas ideas, lo cual alimenta su curiosidad intelectual. Tienen muchas menos probabilidades de sufrir agotamiento profesional en comparación con aquellos que pasan grandes bloques de su día mirando fijamente las pantallas. Operamos mejor cuando nuestro ego no está supeditado a las ganancias y las pérdidas.

Ciertamente, puede haber valor en los ejercicios de gestión del estrés y en otras formas de optimizar nuestra mentalidad. Sin embargo, con demasiada frecuencia, aquellos que se presentan a sí mismos como «coaches» para profesionales financieros priorizan los métodos psicológicos por encima de las prácticas sólidas de gestión del capital y de los procesos operativos. Como dice el refrán: cuando lo único que tenemos es un martillo, todo nos parece un clavo.

Operar bien y tomar decisiones fundamentadas es la mejor manera de lograr un estado mental positivo y equilibrado. A veces, la mentoría —aprender a mejorar el propio proceso de toma de decisiones— constituye la mejor forma de coaching.